Las primeras “corridas” en España se celebraron en ocasión de las bodas. La “corrida” más antigua, según el conde de las Navas, fue en 1080 con motivo del matrimonio en Àvila entre el infante Sancho de Estrada y doña Urraca Flores. Pero la intervención del toro en la ceremonia nupcial es anterior y común a la mayor parte de las regiones de España. Gracias a una cantiga de Alfonso el Sabio, y a otros textos y representaciones artísticas, se puede reproducir bastante fielmente una corrida nupcial. Antes de la boda, el novio, “corría” un toro y lo conducía a casa de la novia. Los mozos le pasaban con sus capas y le lanzaban para enfurecerle azagayas y arponcillos, origen muy posible de las banderillas actuales. Para correr al animal por las calles del pueblo los mozos utilizaban sus capas de vestir, el tradicional capote español de color gris, casi idéntico al que en su versión roja y amarilla se emplea en las modernas corridas. En una miniatura de las cantigas de Santa María, la forma como un mozo tiende el capote al toro tras una valla es idéntica a la del peón actual tras el burladero. La novia tenía también su intervención. Lo que pretendía el novio con este juego era “poner sus vestidos en contacto con el animal genésico contacto destinado a transmitir mágicamente la virtud del toro”. Es decir, su potencia para la reproducción. El velo de la novia, en contacto con la cara del toro, era garantía de que el nuevo matrimonio tendría hijos. Se escogía, por eso, un toro particularmente bravo, “porque la bravura es, ante todo, el exponente del hipergenitalismo”. Como se ve, ese factor de la bravura está siempre en el fondo de la Fiesta. Sin él no existiría la corrida. El rito taurino nupcial, que es de origen medieval de las corridas de toros, explica, por ejemplo, el actual empleo de la capa, de las banderillas y de la muleta, es decir, de los instrumentos que se utilizan para ejecutar las principales suertes. La vara deriva más bien, según algunos historiadores, del alanceo caballeresco. El sacrificio del toro como víctima propiciatoria ofrecido a los dioses de la reproducción anticipaba que la pareja engendraría hijos.
(Luis Maria Ansón. In ABC Cultural. Madrid . Con adaptación).
“Para correr al animal por las calles del pueblo [...]”, el término subrayado puede ser sustituido adecuadamente por: